PILCHAS
Serenero y Sombrero
El "serenero" es un pañuelo de igual o mayor tamaño que los usados para el cuello; se llevaba debajo del sombrero, cubriendo la cabeza, la nuca y parte de la cara; de día era una protección contra el viento y el sol; de noche, contra el sereno (especie de rocío) fresco y peligroso para quienes están mucho tiempo expuestos a su acción. De ahí su nombre de "serenero".
Los sombreros, el casi cónico sombrero de alas angostas, usado a principios del siglo pasado y que nunca cayó por completo en desuso, hasta el chambergo clásico de fines del mismo, son muchos los tipos y formas, las variantes que pueden apreciarse en ese transcurso de menos de cien años.
Entre ellas merece citarse como principales, el sombrero de paja, de copa armada y algo cilíndrica, muy usado en zonas cercanas a Buenos Aires, y el famoso " panza de burro" , su nombre se debía a que estaba hecho con el cuero que cubre el vientre de dicho animal, que fue el sombrero favorito de los "montoneros" o soldadesca gaucha que seguía a los caudillos en el periodo de nuestras luchas civiles.
El serrano, especialmente el de las regiones norteñas, fue en todo tiempo amigo de sombreros de alas anchas, que lo necesitaba para defenderse de los fuertes soles de aquellas zonas.
SOMBREROS BLANCOS DEL CUZCO Y PAJILLAS DE JIPIJAPA. - Dos hijos americanos tuvo el chambergo o gacho español, ambos confeccionados con materiales propios de las tierras del Nuevo Mundo. Uno es el redondo sombrero de alas anchas, llamado del Cuzco, que no es sino un gacho cuya horma se fabricaba con pelo de vicuña y llama de ese color.
El otro es el conocido como pajilla, en el Río de la Plata, cuya horma fue moldeada, como la de los chambergos europeos, al gusto de sus consumidores del área, gauderios, gauchos y semejantes dándose así variantes, como los muy pequeños, de alas cortas y copa chata, muy usados en Buenos Aires, o los de ala corta y copa alta y cónica, preferidos en Entre Ríos y nuestra Banda, o los predilectos de este lado los de copa baja y alas anchas.
Se fabricaban con finas hojas de palma, secas y blanqueadas, cortadas en delgadas tiras entretejidas siguiendo un entramado circular, desde el centro de la copa hasta el borde del ala. Llevaban habitualmente un largo barbijo de seda negra, rematado en una borla. Los sombreros de pajilla, más que ningún otro, tal vez por su color o por su mayor uso en la época estival, gustó el gaucho de adornarlos con una pluma de color vivo (incluso de los importados pavos reales), a lo que se llamó a la charrúa, o con una o varias flores silvestres, particularmente las rojas margaritas campesinas (o verbenas), que tanto abundaban en la campaña.
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