El vicio del tabaco entretenía la monotona existencia de aquella mujer, a quien le agradaba de sobremanera fumar el rústico pito de palo, que de continuo estaba acariciando con sus dedos encorvados y rugosos.Los muchachos se lo llenaban y encendían. Así pasaba la mayor parte de sus horas,sentada en un sillón de paja con la blanca cabellera sujeta por una sucia vincha.Cuando el tabaco dejaba de arder, ella llamaba a los muchachos con insistencia: _pitogüé, pitogüé (¡pito apagado, pito apagado!)._Enseguída mamá, enseguída_ le respondían ellos que siempre se acercaban corriendo para no oirla rezongar ni soportar sus insultos, que solian ser duros. Aquél llamado chillón repetido día a día durante largos años, llegó a constituir una verdadea pesadilla para los jóvenes muchachos, que no podían jugar ni salir libremente a cazar por el monte bajo la luz del sol.
La búsqueda de alimento la tenían que hacer por turno para no dejar sola a la vieja. En fin, no tenían libertad para hacer nada sin que el grito de "pito-güé" viniera a interrumpirlos; no bien habían dejado la casa, cuando los detenía el grito chillón, insultante y rabioso de la vieja y tenían que volverse resignados.
Un día uno de ellos dijo:_Vámonos, y que ella se arregle como pueda.
_No, que tata dios nos va a castigar si la dejamos, al fin, ella nos ha criado._Nos ha criado, pero élla ahora nos vuelve locos todo el día.
La idea de la liberación se fue apoderando de ellos poco a poco hasta que al promediar una mañana, decididos yá, después de comer una mulita asada y algunas frutas,decidieron marcharse definitivamente condenando a la vieja mujer que los había criado. en ese momento ésta se hallaba dormitando en su sillón de paja con el pito apagado entre sus rugorosas manos.
Cuenta la leyenda que tan grande fué la desesperación de la vieja por no recibir respueta alguna de sus criádos, que prometió antes de morírse, que su alma reencarnaría para perseguir a los pobres muchachos durante el resto de sus vidas. Murió la anciana mujer. Entre tanto los jovenes varones seguian camino adelante. Aparentemente se sentian libres y felices, pero no querían confesarse que el llamado de su adoptiva los seguía sin descanso. A cada momento parecía resonar en sus oídos.Y una mañana lo oyeron tan claro y cercano que se asustaron de veras.
_¿Oiste Hermano? Es la vieja
_Pero... !¿vos estás loco?!
_¡Mirá!¡Mirá allí!
Un pájaro había venido a posarse en una rama, sobre sus mismas cabezas. De él provenía el grito que los había llenado de terror. Con los ojos abiertos de espanto mirában al animalito: las patas agarradas en la rama les parecían los dedos de la madre apretando el pito; el pico, la naríz puntiaguda de la anciana; y la franja que tenía en la cabeza, la vincha con que ella sujetaba el pelo.
Los muchachos solo atináron a correr muertos de espanto.pero fué en vano, porque el ave los perseguía con su grito;
_¡pitogüé!,¡pitogüé!
A fín cayeron , agotadas sus esperanzas de libertad por la sed, el hambre, la locura y el miedo.
Cuentan por ahí, que el pájaro aquél era la misma vieja que había reencarnado en ese pájaro para perseguir hasta la muerte a los pobres criados, que escapaban de los brazos de la condena que los tenía encarcelados.
Tanto su acostumbrado grito, como la sucia vincha que la vieja usaba para sujetar su cabello, se perpetúan en la garganta y en la cabeza de éste pájaro, conocido también con el nombre de Benteveo, Pitojuan, o Bichofeo.
El pitogüé, además de ser una plaga para los frutales y sembrados, es considerado un ave fatídica, anunciadora de desgracia con su grito iritante y aturdidor.
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