Free Web Hosting Provider - Web Hosting - E-commerce - High Speed Internet - Free Web Page
Search the Web

LA BOTA DE POTRO

 
PILCHAS

LA BOTA DE POTRO

Los orígenes de la bota natural de cuero crudo quitado de las extremidades posteriores de animales vacunos son muy antiguos y, cuando menos, fue usada, por: los antiguos Hebreos, Medos, Troyanos, Griegos antiguos, Etruscos, Romanos, Galoromanos, Escitas, Francos de la época de los carolingios, Escandinavos, Alemanes, Franceses, Suizos, Ingleses, Escoceses e Irlandeses, Polacos, Griegos del Siglo XVI, Italianos, etc. El auto Lehmann-Nitsche concluye: "La bota desaparece en el mundo antiguo al fin del Siglo XVI, justamente en la época en la cual fue trasladada, por los Conquistadores, a América; pero allí, sólo en los países del Plata, en el Brasil del Sur y en Chile, puede comprobarse todavía (1916) su existencia, condenada aún a pronta extinción. Mientras que en las citadas partes de América se conserva en su forma arcaica, e insignificantes son las modificaciones que en uno u otro caso aislado ha sufrido (partición longitudinal a lo largo del empeine para ajustar el cuero al pie por medio de cordones, refuerzo de la suela por medio de una plantilla de cuero), en los países donde es originaria, la bota se modificó en un grado tal que ya no merece este nombre. En América ya no sufrirá modificaciones, a excepción de las ya indicadas; los motivos de su pronta desaparición en América son... los altos precios que han alcanzado los cueros del añado caballar vacuno".
A nuestro juicio, la evolución de este calzado en nuestra América y en el Río de la Plata, en especial, fue la siguiente: al comienzo se sacó el cuero de las patas (extremidades posteriores) de las burras, cuyo cuero ya se estropeaba al quitarles el redondel de la panza, para los sombreros; animales de poco interés, de pelo generalmente gris claro o blanco en las extremidades, lo que daba un cuero de buen aspecto. También de los potros (animales machos enteros de poca edad), cuya disminución también se procuraba para conseguir el apareo de las yeguas con los burros hechores; a fin de obtener mulas y machos (mulos), como se sabe híbridos incapaces de dar hijos.
La "bota de potro" es, por excelencia la más típica de las prendas gauchas. Su nombre se debe a que estaban hechas de cuero de potro; podían ser tanto de caballo, yegua o potrillo, aunque se daba preferencia a los animales desarrollados, pues ese material resultaba de mayor duración.

Consisten básicamente en el tubo de cuero sacado de las extremidades posteriores (patas) de caballares o vacunos. Para obtenerlo se hacen dos cortes transversales en el animal muerto, uno en el muslo lo más arriba posible el otro en la pierna poco más arriba del pichico (figura 1).
Se quita tironeándolo y dándole vuelta de arriba abajo. Se hace necesario, la mayor parte de las veces para una extracción correcta, ir aflojando o desprendiendo con el cuchillo y la mano, el cuero de los tejidos subcutáneos y cortarle los vasos o pezuñas al animal, para que el tubo de cuero salga perfectamente. Tenemos ya ambos tubos sacados, con el pelo hacia adentro y la superficie intersticio hacia afuera. La primera operación a cumplir, mientras se halla fresco, incluso mojándolo, es despojarlo de todos los restos del tejido subcutáneo, raspándolo cuidadosamente con el cuchillo y tironeándolo con los dedos, que actúan como pinzas. Esta operación se llama descarne. Se ha dicho que sólo se dejan los tejidos subcutáneos de la cara posterior del segmento que va del garrón a la abertura menor del tubo que es lo que va a oficiar de suela de la bota, para darle mayor dureza y resistencia. Discrepan algunos, por experiencia personal, de esta teoría, pues el sobado de la bota requiere una plasticidad igual de toda ella y lo mismo para conseguir que calce bien una vez terminada.
Cumplida la operación de descarne, torna a darse vuelta el tubo de cuero, dejándolo otra vez con el pelo hacia afuera. Si va a ser despojado de éste, como ocurría en la mayoría de los casos, la operación que sigue y es la de quitarle el pelo, se denomina lonjeado. Se hace manteniéndolo bien mojado y afeitando el pelo con el filo de un cuchillo chico (verijero o capador) muy bien afilado y siguiendo la dirección del pelo, es decir "al pelo" y no a contra-pelo.
Terminada esta operación, disponemos de dos tubos de cuero, pelado y descarnado, con una abertura grande arriba y otra chica abajo, con un ángulo muy obtuso (c fig1) entre los dos tercios superiores y el tercio inferior.
La primera. tarea de amolde se hace sobre las propias piernas del usuario.
Engrasando los pies y piernas para facilitar la entrada y salida, se calzan ambas "botas", metiendo el pie por la abertura mayor, hasta que la punta del dedo gordo amenaza con salir por la abertura menor, o cuando menos, cuando el talón queda bien calzado en el punto c correspondiente al garrón del animal. Se le hace un par de agujeros próximos a el sitio en que está la punta del pie y allí se enjareta un tiento, cerrando la bota apretadamente para que el tubo tome la forma del pie, luego, el mismo tiento largo se va atando, primero alrededor del empeine, luego del tobillo, de la pantorrilla, y termina actuando como liga, debajo de la rodilla.
De este modo todo el tubo de cuero queda adaptado a la forma del pie y la pierna de su futuro usuario. Se le puede poner incluso una plantilla de suela interior, bajo la planta del pie, para mejorar aún esta operación de moldeo. Con las "botas" así calzadas, hay que andar con ellas, manoseándolas de la cara exterior, hasta que comienzan a secarse. Entonces, antes de que representen un peligro (el cuero al secar se contrae enormemente y se pone rígido), hay que quitárselas (se sacan dándoles vuelta como una media), volverlas a humedecer y volverlas a calzar. Esto hay que repetirlo varias veces hasta que estén lo bastante amoldadas; desde ese momento la operación que sigue es la que procurará darles flexibilidad y terminación características, que es el sobeo y el maceteo.
El sobeo se hace restregando el cuero contra sí mismo, por sectores, hasta dejarlo bien blando. Esta operación se hace más difícil a medida que se seca el cuero (y se cansan las manos) y se complementa con otra llamada macetear, que se hace con un palo o maceta de madera sobre otra madera o metiendo otro palo dentro e la bota. Con este golpeteo se ablanda más y se afina el cuero. Luego se vuelve a sobar. El sobeo con leche, el agregado de un poco de sal común y de alumbre, ayuda a blanquear las botas, pero el ideal, para que resulten bien blancas, es que el cuero provenga de un animal calzado o bragado, overo o de un tordillo de un blanco, o un blanco porcelano (albino). Este cuero, bien trabajado, da unas botas de un hermoso color marfileño y bien sobadas quedan como una cabritilla y bien ajustadas al pie al que calzan como un guante. Falta señalar que, cuando ya la bota está amoldada y sobada, al extremo del piel, o se le quita el tiento y se le hace un corte neto para que queden fuera los dedos, con lo que a la bota se le llama de medio pie. o, en caso de que se le quiera cerrada, también se quita aquel tiento y se le hace una de dos operaciones, se le deja una lengüeta más larga en el extremo de la planta la que se dobla hacia arriba y se cierra sobre los dedos, con un botón de tientos (cierre de cartera), o simplemente se hace un corte neto siguiendo el borde anterior del pie (punta de dedos) y se cose cuidadosamente con un tiento muy fino (tiento de potrillo).
Era fama que las botas de vacuno (vaca o ternera) eran más flexibles y hermosas que las de potro. Además de las botas de las patas de vacuno o caballar, se usaron bajo la genérica denominación de botas de potro, otras hechas con el cuero enterizo de gato (montés o pajero), también con el pelo o sin él, o hechas con las patas de puma o de tigre. Estas variantes eran predilectas entre los indios charrúas, minuanes, tapes, pampas; tehuelches) más que entre los , gauchos, aunque éstos también las usaron, a veces, por lujo o por fantasear.
Cuando a las botas de potro se les dejaba el pelo, se prefería la piel de un animal bragado, lo que daba un hermoso contraste de una bota con el frente y lado interno blancos, contra oscuro, zaino o colorado, a las que se llamó botas con delantal.
Por último digamos que, el borde superior generalmente ancho demás, el que se ajustaba bajo la rodilla mediante un tiento o una liga (ésta de hilo tejido en varios colores, con borlas en los extremos que se dejaban colgando al frente), se solía cortar en ondas, con perforaciones, o en flecos, para darle mejor aspecto y hacerlo más adaptable.
Como también indicamos, cuando la bota era cerrada, se llevaban medias debajo, y la caña se doblaba al tobillo para que se vieran éstas.
Esta bota es un calzado que no todos podrían usar; hay que tener cierta práctica, pues el roce continuado produce inflamación y hasta lastimaduras en los pies. Además como está hecha de cuero crudo, hay que sobarla con frecuencia, para que mantenga su blandura y elasticidad.